Cuando aparece un dolor muscular o articular, la reacción más habitual para mejorarlo suele ser inmediata: buscar hielo o aplicar calor.
Estas son soluciones simples, económicas y bastante populares. Sin embargo, lo que muchas personas no saben es que usarlos de forma incorrecta puede hacer que la molestia perdure durante más tiempo o incluso en el peor de los casos empeore.
En este artículo vamos a aclarar los errores más frecuentes que se cometen al aplicar frío o calor para aliviar el dolor corporal, y explicar cómo evitarlos.
Error 1: Usar hielo o calor sin identificar el tipo de dolor que se tienen. Uno de los fallos más comunes es aplicar frío o calor sin preguntarse qué está causando realmente la molestia. No todos los dolores corporales son iguales.
Algunas molestias aparecen de forma repentina, mientras que otras se desarrollan con el tiempo. Ignorar esta diferencia puede llevar a elegir la opción menos adecuada y retrasar el alivio.
Clave importante:
Antes de aplicar cualquier método, observa si hay inflamación visible, rigidez o sensibilidad al movimiento.
Error 2: Aplicar calor cuando hay inflamación El calor suele asociarse con alivio y relajación, pero no siempre es la mejor opción. Usarlo en zonas inflamadas puede aumentar la sensación de presión y el malestar.
Muchas personas recurren al calor por costumbre, sin notar que la zona está hinchada o sensible. En estos casos, el calor puede intensificar la molestia en lugar de reducirla, debido a que el calor aumenta la circulación, lo cual no siempre es conveniente cuando el cuerpo está reaccionando a una molestia reciente.
Error 3: Usar hielo en dolores rígidos o persistentes
Así como el calor no siempre es adecuado, el hielo tampoco lo es para todo tipo de dolor. Aplicar frío en molestias asociadas a rigidez o tensión muscular puede generar una sensación de mayor incomodidad. Este error es frecuente en personas que sufren dolores recurrentes o sensación de rigidez al despertar o después de estar mucho tiempo acostados.
El frío tiende a endurecer los tejidos, lo que puede aumentar la sensación de rigidez en ciertos casos.
Error 4: Aplicar hielo o calor por demasiado tiempo Otro error habitual es exceder del tiempo recomendado, pensando que “más es mejor”. Esto no solo reduce el beneficio, sino que puede generar irritación en la piel generando así una incomodidad adicional.
Error 5: Colocar el hielo directamente sobre la piel Aplicar hielo sin protección es una práctica común, pero poco recomendable. El contacto directo puede resultar molesto y causar irritación, incluso quemar en situaciones extremas. Siempre es preferible usar una toalla o tela como barrera para evitar sensaciones desagradables.
Error 6: Confiar solo en frío o calor y olvidar otros hábitos
El hielo y el calor pueden ayudar bastante a recuperar los dolores motrices, pero no son la única solución. Confiar exclusivamente en ellos sin prestar atención a otros factores puede limitar los resultados. Aspectos como el descanso, la postura, el movimiento adecuado y el uso de calzado cómodo también influyen en cómo se manifiesta el dolor corporal.
¿Cómo elegir mejor entre hielo y calor?
Una manera sencilla de orientarse es observar cómo se siente el organismo, si la molestia es reciente y hay sensación de inflamación en la zona, el frío suele ser más adecuado.
Si el dolor es persistente y se acompaña de rigidez, el calor puede resultar más reconfortante, es por esto que escuchar al cuerpo y actuar con moderación suele ser más efectivo que aplicar soluciones automáticas.
Si el dolor corporal persiste, se repite con frecuencia o interfiere con las actividades cotidianas, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud. Cada cuerpo es diferente y no todas las molestias responden igual a los mismos métodos.