El linfedema puede comenzar con algo tan discreto como una sensación de pesadez en un brazo o una pierna.
Al principio, incluso puede resultar difícil notar algún cambio a simple vista. Sin embargo, cuando el sistema encargado de movilizar ciertos líquidos del cuerpo deja de funcionar correctamente, esa acumulación puede avanzar hasta producir una hinchazón importante.
Se trata de una enfermedad crónica relacionada con una alteración del sistema linfático, una extensa red de vasos y ganglios que ayuda a mantener el equilibrio de líquidos y participa en las defensas del organismo.
Cuando la linfa no puede circular y regresar adecuadamente al torrente sanguíneo, comienza a acumularse entre los tejidos. Con el tiempo, la extremidad afectada puede aumentar considerablemente de tamaño y presentar cambios en la piel.
No siempre se nace con ella
Existen dos grandes tipos de linfedema. El linfedema primario está relacionado con alteraciones en el desarrollo del sistema linfático y puede aparecer desde el nacimiento o manifestarse años después.
El linfedema secundario, mucho más frecuente a nivel mundial, aparece cuando los vasos o ganglios linfáticos sufren algún daño u obstrucción.
Entre sus posibles causas se encuentran ciertas infecciones, traumatismos y, especialmente, algunos tratamientos contra el cáncer. Por ejemplo, la extirpación de ganglios linfáticos durante una cirugía o la radioterapia en determinadas zonas pueden alterar el drenaje normal de la linfa.
Lo particular es que el problema no necesariamente aparece inmediatamente después del tratamiento. Puede comenzar meses e incluso años más tarde.
Millones de personas viven con esta condición
Determinar exactamente cuántas personas tienen linfedema es complicado porque muchos casos no se diagnostican, especialmente durante las primeras etapas.
Estimaciones médicas sitúan el número mundial aproximadamente entre 140 y 250 millones de personas, lo que convierte al linfedema en un problema mucho más frecuente de lo que suele imaginarse.
Sin embargo, una de las mayores dificultades es que muchas personas buscan ayuda cuando el cambio físico ya resulta evidente.
Y antes de llegar a ese punto pueden existir señales mucho más sutiles.
Las primeras señales pueden parecer insignificantes
Antes de que un brazo o una pierna presente una diferencia notable de tamaño, pueden aparecer síntomas como sensación de pesadez o tensión, hinchazón que aparece y desaparece, ropa, zapatos, relojes o anillos que comienzan a sentirse más ajustados, menor flexibilidad en una articulación, sensación de plenitud en la extremidad.
La hinchazón también puede involucrar los dedos de las manos o de los pies. Precisamente por esto la detección temprana es importante. En las fases iniciales, controlar la acumulación de líquido suele ser más sencillo que cuando ya existen cambios permanentes en los tejidos.
¿Por qué la extremidad puede crecer tanto?
No se trata simplemente de “agua acumulada”. La linfa contiene proteínas y otras sustancias. Cuando permanece atrapada durante demasiado tiempo en los tejidos puede favorecer inflamación crónica, fibrosis y cambios en el tejido graso.
Eso explica por qué, en etapas avanzadas, la extremidad no solo puede aumentar de tamaño, sino también sentirse más pesada y presentar endurecimiento o engrosamiento de la piel.
Además, algunas personas desarrollan dificultad para realizar movimientos cotidianos y pueden presentar mayor susceptibilidad a determinadas infecciones de la piel.
¿Tiene cura?
Actualmente se considera una enfermedad crónica. Una vez establecido, el linfedema generalmente no tiene una cura definitiva, pero sí existen tratamientos capaces de controlar la hinchazón, mejorar la movilidad y evitar que continúe progresando.
Dependiendo de cada paciente, el tratamiento puede incluir prendas de compresión, ejercicios específicos, cuidado de la piel y técnicas especializadas para favorecer el drenaje linfático.
En determinadas situaciones también existen procedimientos quirúrgicos, aunque no todas las personas son candidatas.
El detalle que muchas personas desconocen
Quizás lo más importante del linfedema es que no comienza cuando la extremidad ya está visiblemente aumentada de tamaño.
Por eso, en personas que han tenido cirugía o radioterapia sobre ganglios linfáticos, síntomas aparentemente pequeños como pesadez, sensación de tensión o una hinchazón nueva deberían ser evaluados.
Detectarlo temprano no significa que pueda eliminarse por completo, pero sí puede marcar una enorme diferencia en cuánto progresa y en cómo afecta posteriormente la vida cotidiana.
Una pierna o un brazo extremadamente hinchado puede ser la imagen más conocida del linfedema, pero esa suele ser solamente la parte visible de un proceso que comenzó mucho antes.