En muchas culturas se tiene la idea de que una madre que amamanta no debería hacerlo si está enojada, estresada o ha pasado por un susto, ya que la leche materna podría “cortarse” o dejar de ser adecuada para el consumo del bebé.
Esta afirmación, ha sido repetida durante generaciones, desde las abuelas de nuestras abuelas hastas nuestras madres, generando dudas y preocupación en quienes atraviesan el periodo de lactancia.
Pero ¿qué respaldo tiene esta creencia desde el punto de vista médico?
Desde una perspectiva médica, la producción de leche materna no se interrumpe de forma inmediata por una emoción puntual como un enojo repentino, el miedo o el estrés ocasional.
La lactancia es un proceso fisiológico regulado principalmente por diversos factores como, la frecuencia de la succión del bebé, el vaciado regular del pecho, la acción de hormonas específicas, así que mientras estos factores se mantengan, el cuerpo continúa produciendo leche.
Durante la lactancia intervienen dos hormonas principales que son la prolactina, encargada de la producción de leche y la oxitocina, responsable de la salida o eyección de la leche.
Situaciones de estrés o tensión emocional pueden influir de manera temporal en la liberación de oxitocina. Esto puede provocar que la leche tarde más tiempo en fluir, lo que algunas madres interpretan como una disminución repentina de la leche.
¿El enojo o el estrés cambian la calidad nutricional de la leche materna?
La evidencia disponible indica que la composición nutricional y protectora de la leche materna no se vuelve dañina debido a una emoción pasajera. La leche continúa aportando nutrientes y componentes esenciales para el bebé.
Sin embargo, el ambiente emocional puede influir en la dinámica de la toma. Algunos bebés pueden mostrarse más inquietos si perciben tensión en el ambiente, lo que puede hacer que la lactancia sea menos fluida, sin que esto represente un riesgo directo para su salud.
Antes de comprender el funcionamiento hormonal de la lactancia, era común asociar la dificultad para amamantar con factores emocionales visibles, pero con el tiempo, se ha logrado entender como las hormonas interactúan con la lactancia y esta creencia popular ha decaído.
Si existe una situación de estrés en el período de lactancia, los profesionales de la salud suelen recomendar buscar un entorno tranquilo para amamantar, de ser necesario tomar pausas para relajarse si la madre se siente muy alterada y mantener la frecuencia de las tomas.
¿Puede un episodio de estrés prolongado influir en la lactancia?
El estrés mantenido en el tiempo puede afectar indirectamente la lactancia si interfiere con el descanso, la alimentación o la regularidad de las tomas. No obstante, no se trata de una interrupción súbita de la leche, sino de un proceso gradual asociado a múltiples factores.
Así que en conclusión la leche materna no se “corta” de forma repentina por estar enojado, es cierto que el estrés puede influir temporalmente en la salida de la leche, pero no en su existencia.
La lactancia es un proceso complejo que depende de factores físicos y hormonales, comprender esta información permite reducir preocupaciones innecesarias y promover una experiencia de lactancia más informada y tranquila.