Mary Ann Bevan pasó a la historia por un apodo cruel con el que fue exhibida públicamente durante años.
Sin embargo, detrás de aquellas fotografías había una mujer que había llevado una vida completamente normal hasta que una enfermedad hormonal comenzó a transformar progresivamente su apariencia.

Antes de hacerse conocida, Mary Ann trabajó como enfermera, se casó y tuvo cuatro hijos. Su historia cambió cuando desarrolló acromegalia, una enfermedad poco frecuente provocada por un exceso de hormona del crecimiento en la edad adulta.
Una vida muy distinta antes de la enfermedad
Mary Ann Webster nació en Inglaterra en 1874. Durante su juventud trabajó como enfermera y en 1902 se casó con Thomas Bevan.

La pareja tuvo cuatro hijos y durante varios años llevó una vida familiar convencional. Fue alrededor de sus treinta años cuando comenzaron a aparecer cambios físicos progresivos.
Su mandíbula se hizo más prominente, sus rasgos faciales se ensancharon y también aumentó el tamaño de algunas partes de su cuerpo, se determinó que la causa era la acromegalia.
¿Qué es la acromegalia?
La acromegalia aparece cuando el organismo produce demasiada hormona del crecimiento después de que los huesos ya han completado su desarrollo.

En la mayoría de los casos actuales, la causa es un tumor benigno localizado en la hipófisis, una pequeña glándula situada en la base del cerebro.
La enfermedad puede producir un aumento del tamaño de manos y pies, mandíbula más prominente, engrosamiento de labios y nariz, separación de los dientes, dolores articulares, cefaleas y alteraciones metabólicas y cardiovasculares.
Como los cambios aparecen lentamente, el diagnóstico puede retrasarse durante años.
La partida de su esposo cambió su destino
En 1914 partió Thomas Bevan y Mary Ann quedó a cargo de sus cuatro hijos. Con pocas opciones económicas y una apariencia cada vez más llamativa, comenzó a participar en concursos y espectáculos que explotaban físicamente a personas consideradas “diferentes” por los estándares de la época.

Tiempo después viajó a Estados Unidos y trabajó en Coney Island, donde fue presentada ante el público utilizando el apodo por el que acabaría siendo conocida.
Aunque hoy esa forma de exhibición resulta ofensiva, para Mary Ann se convirtió en una manera de obtener ingresos para mantener a su familia.
Un médico denunció públicamente cómo era tratada
La historia de Mary Ann llamó la atención del famoso neurocirujano Harvey Cushing, una figura fundamental en el estudio de las enfermedades de la hipófisis.

En 1927, Cushing escribió públicamente sobre su caso y señaló que su apariencia era consecuencia de una enfermedad médica, criticando que fuera utilizada como objeto de burla.
Su intervención ayudó a mostrar que aquello que muchos consideraban simplemente una característica física tenía en realidad una explicación endocrinológica.
La enfermedad afectaba mucho más que su apariencia, ya que la acromegalia no solo modifica el rostro, cuando permanece activa durante años puede aumentar el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño, alteraciones de la glucosa y problemas articulares.

En la época de Mary Ann, las opciones de tratamiento eran muy limitadas. Hoy la enfermedad suele detectarse mediante análisis hormonales y estudios de imagen de la hipófisis.
Mary Ann siguió vinculada durante años a los espectáculos que le permitieron mantener económicamente a sus hijos. Partió en diciembre de 1933, a los 59 años, y fue enterrada en Londres.
Mary Ann Bevan no fue simplemente una mujer con una apariencia inusual. Fue una paciente con una enfermedad endocrina seria que vivió en una época con recursos médicos muy limitados y que utilizó la notoriedad que esa condición le produjo para sostener a sus cuatro hijos.

Su historia se recuerda hoy de una manera muy distinta: no por el apodo que le impusieron, sino por la enfermedad que transformó su vida y por las circunstancias que la llevaron a convertir esa exposición pública en una forma de supervivencia.