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Laika: la verdad que salió a la luz décadas después sobre la perrita enviada al espacio.

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El 3 de noviembre de 1957, en plena Guerra Fría, la Unión Soviética lanzó al espacio el Sputnik 2 con una pasajera que rápidamente se convirtió en símbolo mundial: Laika.

Laika fue una pequeña perrita callejera recogida en Moscú. Fue el primer animal en orbitar la Tierra, pero detrás de aquel logro científico hubo una historia mucho más dura de la que el público conoció durante años.

Durante décadas circularon versiones distintas sobre cuánto tiempo sobrevivió Laika. La versión soviética más difundida sostenía que había vivido varios días en órbita y que había muerto de manera controlada.

Sin embargo, en 2002, 45 años después del lanzamiento, científicos rusos revelaron que esa versión no era correcta. Los datos mostraron que Laika murió apenas unas horas después del despegue debido al sobrecalentamiento de la cabina y al estrés extremo.

Una misión organizada con enorme rapidez

Sputnik 2 fue preparado pocas semanas después del éxito de Sputnik 1. El gobierno soviético quería aprovechar el impacto político y tecnológico de haber colocado el primer satélite artificial en órbita.

NASA señala que el proyecto fue desarrollado con tanta prisa que no hubo tiempo suficiente para diseñar un sistema que permitiera regresar a Laika a la Tierra, ni tampoco un sistema ambiental capaz de mantener condiciones adecuadas durante mucho tiempo.

Desde antes del lanzamiento se sabía que la perrita no volvería con vida, Laika había sido elegida entre varios perros callejeros porque los científicos consideraban que esos animales estaban acostumbrados a soportar condiciones extremas.

Durante el entrenamiento tuvo que permanecer en espacios cada vez más pequeños para acostumbrarse a la reducida cápsula del Sputnik 2.

Lo que ocurrió durante las primeras horas

Los primeros datos enviados desde el satélite mostraron que el corazón y la respiración de Laika se aceleraron considerablemente durante el lanzamiento.

Sin embargo, después de alcanzar la órbita, sus signos vitales comenzaron a normalizarse. Documentos posteriormente desclasificados indican que durante las primeras órbitas su estado todavía parecía estable.

El problema apareció poco después.

El sistema de control térmico no funcionó como estaba previsto y la temperatura dentro de la cápsula comenzó a aumentar.

NASA explica que el fallo estuvo relacionado con problemas en la separación y el control térmico del vehículo, provocando un calentamiento progresivo del compartimento donde se encontraba Laika.

Finalmente, el calor extremo y el estrés terminaron provocando su partida pocas horas después del lanzamiento.

La versión que el mundo escuchó durante años

Durante mucho tiempo, la información oficial soviética fue diferente. Se llegó a afirmar que Laika había sobrevivido durante varios días antes de morir cuando se agotó el oxígeno o tras consumir alimento preparado para producir una muerte sin sufrimiento.

No fue hasta 2002 cuando una presentación realizada por investigadores vinculados al Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú reveló que el verdadero tiempo de supervivencia había sido mucho menor.

Según la información divulgada entonces, Laika murió entre cinco y siete horas después del lanzamiento, debido principalmente al aumento de temperatura dentro de Sputnik 2.

La historia recibió otra pieza importante años después.

En 2011, Rusia publicó un documento que anteriormente había permanecido clasificado. Era una carta fechada el 10 de noviembre de 1957 y firmada por altos responsables del programa espacial soviético.

El documento señalaba que durante las primeras tres órbitas aproximadamente cuatro horas y media la respiración y los latidos de Laika se habían mantenido dentro de parámetros normales.

Después de ese periodo, las condiciones internas de la nave comenzaron a deteriorarse rápidamente. Ese documento reforzó lo revelado en 2002: Laika no sobrevivió varios días como se había informado originalmente.

Sputnik 2 siguió orbitando sin ella

Aunque Laika murió pocas horas después del lanzamiento, Sputnik 2 permaneció dando vueltas alrededor de la Tierra durante meses. La nave completó miles de órbitas antes de entrar nuevamente en la atmósfera y desintegrarse el 14 de abril de 1958.

Para quienes observaban desde la Tierra, el satélite continuaba siendo un símbolo del avance soviético. Pero dentro de él, Laika había muerto prácticamente al comienzo de la misión.

¿Qué consiguió científicamente la misión?

A pesar de su desenlace, Sputnik 2 permitió obtener información sobre cómo reaccionaba un organismo vivo al lanzamiento, la aceleración, la ingravidez y las condiciones iniciales del vuelo orbital.

Los datos mostraron que, después del estrés inicial del lanzamiento, algunas funciones fisiológicas podían estabilizarse en ausencia de gravedad. Esa información contribuyó a los programas posteriores que terminarían enviando seres humanos al espacio.

Tres años después, la Unión Soviética consiguió enviar animales al espacio y traerlos de regreso vivos, un paso mucho más cercano a lo que sería necesario para realizar vuelos humanos.

La historia de Laika también cambió con el tiempo porque la percepción pública sobre el uso de animales en experimentos científicos evolucionó.

Incluso en 1957 hubo protestas de organizaciones defensoras de los animales. Actualmente, el caso suele analizarse no solo como un avance tecnológico, sino también como uno de los episodios más discutidos desde el punto de vista ético de los primeros años de la exploración espacial.

La decisión resulta todavía más controvertida porque la misión fue diseñada sabiendo desde el inicio que no existía un mecanismo para recuperar a Laika.

De perrita callejera a símbolo mundial

Antes de convertirse en uno de los animales más famosos de la historia, Laika era simplemente una perrita mestiza recogida de las calles de Moscú.

Su verdadero nombre habría sido Kudryavka, que puede traducirse aproximadamente como “pequeña de pelo rizado”. Con el tiempo terminó siendo conocida mundialmente como Laika.

Pero quizá el dato que más cambió la forma de recordar su historia llegó décadas después de su muerte: el mundo descubrió que su viaje había sido mucho más corto y difícil de lo que originalmente se había contado.

Laika hizo historia al convertirse en el primer ser vivo terrestre en orbitar nuestro planeta. Pero la versión completa de aquella historia necesitó casi medio siglo para conocerse.

La revelación de 2002 mostró que no murió después de varios días en el espacio, sino apenas unas horas después del lanzamiento, víctima del calor y el estrés producidos por fallos en la nave.

Su misión ayudó a demostrar que un organismo podía sobrevivir al lanzamiento y experimentar temporalmente la ingravidez, pero también se convirtió en uno de los recordatorios más conocidos del precio que tuvo la primera etapa de la carrera espacial.

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