Edward Furlong tenía apenas 13 años cuando pasó de ser un adolescente desconocido de Pasadena a interpretar a John Connor en Terminator 2: Judgment Day.
No tenía experiencia previa como actor cuando fue descubierto por una directora de casting en un club juvenil. La película lo convirtió de inmediato en una de las promesas jóvenes más reconocibles de Hollywood.

Pero la fama que llegó tan rápido también terminó siendo difícil de manejar. Décadas después, el propio Furlong reconocería que crecer bajo los reflectores siendo tan joven tuvo consecuencias importantes en su vida personal, financiera y profesional.
Terminator 2 fue una de las producciones más ambiciosas de comienzos de los años 90. Mientras Arnold Schwarzenegger ya era una superestrella, Furlong era un adolescente que todavía iba a la escuela y que ni siquiera podía ver legalmente la película con clasificación R sin un adulto.

Después del éxito llegaron otras oportunidades. Participó en películas como American History X, Before and After y otros proyectos que demostraron que su carrera podía ir mucho más allá de John Connor, sin embargo, esa trayectoria comenzó a deteriorarse.
A mediados de los años 90, Edward Furlong mantuvo una relación con Jacqueline Domac, una mujer de 29 años vinculada a su entorno profesional.

Él tenía alrededor de 16 cuando comenzaron a vivir juntos, una diferencia de edad que generó fuerte controversia, especialmente porque se habían conocido cuando Furlong aún era muy joven. Años después, documentos judiciales volvieron a poner aquella relación bajo escrutinio público.
Las adicciones cambiaron su carrera
Furlong ha contado que durante sus 20 y 30 años desarrolló graves problemas las sustancias. En 2022 habló públicamente de consumo de sustancias ilícitas, y reconoció haber sufrido varias sobredosis.

Según explicó, sus problemas comenzaron en parte porque alcanzó el éxito demasiado joven y no tenía suficiente supervisión alrededor. También dijo que consumir ese tipo de cosas le hacía sentir que encajaba mejor socialmente.
Las consecuencias terminaron afectando tanto su salud como su carrera.
Su salud física también sufrió, uno de los efectos más visibles apareció en sus dientes.

Furlong contó que años de consumo deterioraron seriamente su salud dental, finalmente decidió someterse a un tratamiento para reemplazar las piezas dañadas, algo que describió como parte de su proceso de reconstrucción personal.
Él mismo explicó que verse al espejo se había convertido en un recordatorio permanente de aquellos años, la recuperación física, por tanto, fue también emocional.

Los problemas legales agravaron la caída
Durante los años más difíciles de su vida, Furlong acumuló distintos problemas judiciales. En 2011 fue arrestado por presuntamente incumplir una orden de alejamiento relacionada con su entonces esposa.
Ese mismo periodo estuvo marcado por problemas económicos y obligaciones de manutención infantil. En 2013 volvió a enfrentar cargos relacionados con violencia doméstica, en medio de una etapa en la que su carrera ya se encontraba muy alejada del nivel alcanzado tras Terminator 2.
Su historial de adicciones y arrestos terminó afectando directamente sus oportunidades profesionales. Incluso perdió la posibilidad de volver a interpretar a John Connor en Terminator 3.

De adolescente famoso a problemas económicos
La historia de Furlong también tiene una dimensión financiera importante. En una entrevista posterior reconoció que nunca aprendió realmente a administrar el dinero que comenzó a ganar siendo adolescente.
Dijo que, de haber sido mayor, probablemente habría tomado decisiones económicas muy distintas. En 2011 llegó a declarar ante un tribunal que estaba prácticamente sin dinero, a pesar de haber trabajado durante años en Hollywood.

Según la cobertura de Los Angeles Times, explicó que debía repartir sus ingresos entre representantes, abogados y otros gastos profesionales.
Terminator 2 pudo haber sido el comienzo de una enorme fortuna
La película que lo lanzó fue uno de los grandes acontecimientos comerciales de 1991. Su producción costó decenas de millones de dólares y estableció nuevos estándares técnicos para Hollywood.
Furlong, sin embargo, no logró transformar aquel éxito inicial en una carrera financiera comparable a la de otros protagonistas de grandes franquicias.

Su historia muestra una realidad menos conocida de las estrellas infantiles: ganar dinero joven no garantiza conservarlo, especialmente cuando aparecen adicciones, representantes, litigios y una carrera cada vez más irregular.
La recuperación comenzó años después
El cambio más importante en la historia de Furlong es reciente. En 2022 declaró que llevaba cuatro años sobrio. En una entrevista publicada en 2026 por People, el actor afirmó que había alcanzado siete años de sobriedad y habló de su pasado con una perspectiva mucho más tranquila.
También volvió a participar en convenciones relacionadas con Terminator 2 y ha retomado gradualmente algunos proyectos de actuación. Para él, esos años difíciles forman parte de una historia que ahora intenta utilizar de otra manera.

Hoy luce muy diferente al John Connor de 1991
Han pasado 35 años desde que el público conoció a aquel adolescente de cabello largo que escapaba del T-1000 en una motocicleta.
Actualmente, Furlong luce naturalmente muy diferente, pero el cambio más importante no está solo en su apariencia. Después de años de adicciones, arrestos, problemas económicos y una carrera interrumpida, ha hablado públicamente de sobriedad, recuperación y de aprovechar una segunda oportunidad.
De John Connor a una segunda oportunidad
Edward Furlong fue una de las estrellas infantiles más reconocibles de los años 90. Luego pasó décadas apareciendo en titulares por razones muy diferentes a su trabajo.

Hoy, sin embargo, la narrativa ha empezado a cambiar.
Después de años marcados por excesos, problemas de salud, dificultades económicas y conflictos legales, el actor asegura haber recuperado estabilidad y mantenerse sobrio.
Y para quienes todavía lo recuerdan como el adolescente de Terminator 2, las fotografías actuales muestran cuánto puede cambiar una vida en tres décadas.